La Ingenieria Genetica. ¿querer ser como Dios?

Hablamos del Nirvana, como el gran Silencio, la vacuidad absoluta, el regreso al Reino Original.

Hoy vamos tratar un tema muy en boga como la ingeniería genética.

Como sabes esta consiste en la manipulación por parte del hombre de los genes, de plantas, animales y humanos para conseguir de alguna manera llegar a combatir las enfermedades y en último termino, la muerte.

No es más que un intento de llegar a ser como el creador.

En estos objetivos se reconoce de nuevo la ancestral osadía de las ambiciones humanas: El querer ser como Dios y el querer crear un paraíso propio, separado del mundo divino.

Para poder aclarar los orígenes de estas actividades de la medicina y de la ciencia, tenemos que recordar la causa de nuestra existencia en este campo de vida: El hombre original cayó, por mala utilización de  las fuerzas divinas, y descendió hasta el nivel de las formas de vida que él había creado.

Podía animar la sustancia original y darle forma, lo que realizaba en perfecta armonía con la idea original divina. Al abandonar esta idea, se hundió en el laberinto del mundo de polaridad dual y perdió todas las facultades divinas. Siendo ahora una criatura, que va errando por un mundo caído y desorganizado por él mismo, y sueña desde hace eones con sus maravillosas posibilidades de antaño.

¿Cuánto tiempo más va a durar este sueño? ¿Cuándo despertará por fin el hombre?¿cuando escuchara su voz interior?¿ reconocerá los dos órdenes de naturaleza separados y dejará de buscar una solución a su problema existencial en lo externo de la naturaleza en la que ahora se encuentra?

¿Se puede el ser humano liberar de su sufrimiento gracias a la ingeniería genética?

Existen casos en los que la ingeniería genética presta buenos servicios a la humanidad.

Un ejemplo es la producción de insulina para diabéticos, tal como ya se practica en todo el mundo.

Mientras el hombre esté encadenado a esta naturaleza perecedera, seguirá siendo válido lo siguiente:

«Todos los medios y todos los métodos, con los que se quiere ayudar al hombre enfermo, se basan sin excepción en la materia y en la fuerzas de la naturaleza terrestre. Es indiferente que se trate de remedios orgánicos, etéricos o de elementos químicos. El hombre de esta naturaleza, siempre quiere mantenerse e imponerse en la lucha por la subsistencia. Con una fuerza enorme y una inteligencia sorprendente, busca continuamente nuevas posibilidades para contrarrestar la avalancha creciente de fuerzas que amenazan la vida terrestre. El sueño de todos los tiempos: “mens sana in corpore sano”, es decir, un hombre sano que pueda vivir libre de peligros en esta naturaleza, seguirá siendo un sueño.

El hombre de la naturaleza siempre esta limitado. En este sentido, las revistas especializadas continuamente publican artículos que, con preocupación, informan sobre agentes patógenos que ya se han vuelto resistentes de nuevo contra las últimas terapias que habían sido desarrolladas. Resulta prácticamente imposible controlar y detener la propagación de microorganismos, de virus o bacterias mutadas. Cada día aparecen noticias de agentes patógenos nuevos así como de nuevas enfermedades.

El problema se vuelve comprensible, cuando nos orientamos hacia la enseñanza universal, la cual nos explica que los virus y las bacterias son pensamientos y sentimientos materializados. Son la forma cristalizada de las actividades astrales y mentales irradiadas continuamente por el hombre, y que recaen sobre él de alguna forma según la ley de causa y efecto. Esta ley kármica no puede ser anulada por ninguna manipulación del hombre. Al contrario: Todos los intentos que vayan en este sentido no hacen más que atraer nuevas energías, más correctoras aún.

Se puede afirmar con seguridad, que la ingeniería genética, al igual que la ciencia nuclear, no son otra cosa que una nueva imitación terrestre del poder creador divino original. Son una respuesta más al anhelo de un mundo y un hombre perfectos. Pero esto no puede ser posible en un mundo caído, perecedero.

Únicamente cuando nos liberamos de este mundo, escuchamos la voz interior y, despertando nuevamente el alma, regresemos a la idea original del plan de Dios, cesará todo sufrimiento, toda decadencia y  toda muerte.

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